Agustí, no sé cuánto tiempo tu espíritu volará en el éter acompañando al espíritu de tu querida Lola. En no sé qué momento te darás cuenta de que ya no la puedas hacer volver de nuevo contigo, sentimentalmente hablando. Sentirás una voz, la querida y dulce voz de tu Lolita que te dirá con mucho cariño: “Déjame chato, que yo estoy haciendo mi camino” y eso si con suerte no te libras de unos cuantos tacos de diverso calibre.
En este momento, es cuando empezarás a descender a esta querida tierra, a la cotidianeidad. Espero que toques tierra con pocas brusquedades y que te empieces a levantar lentamente, sacudiéndote, no el polvo enamorado, que ese está dentro de tu corazón, sino la modorra, la desesperación, la angustia, que no dejan de ser lastres que ocupan un espacio en tu corazón, y que hacen que los arrastres inútilmente por los caminos que te quedan por recorrer en la vida (Recuerda que Lola siempre comparaba la Vida a un caminar constante, en el que cada uno traza su propio sendero).
Para cuando aterrices y te puedas empezar a sacudir esas cargas inútiles, te encontrarás a tu querida Amanda, con sus defectos y virtudes, que ahora habrás de valorar más equilibradamente. Detrás estaré yo y un mogollón de gente que no va a consentir que te desmadres tú solito. Ahí tienes a la colla ferrerienca “pa lo que tú quieras”, para chuflas, comiditas, cenitas, excursiones y…para llorar si así lo deseas en algún momento.
El barco de tu vida ha cogido un nuevo rumbo. Tendrás que sacarte el título de patrón de barco de nuevo, adaptándote al nuevo rumbo fijado por la Vida.
Un emocionado y sentidísimo abrazo
Pepe
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